"Empecé creyéndome todo lo que me decían de niño: muere por tu país; compórtate bien e irás al cielo; sé honrado y no mantengas relaciones pecaminosas que no estén destinadas a la procreación. Pero me alegra poder decir que me había desembarazado de todo este lastre y de mucho más cuando llegué a la edad de 16 años. Comprendí que todo era mentira y que, con alguna contada excepción, las buenas personas no existen. Me he atenido siempre a este principio y he llegado a cumplir los 57 años tan feliz como creo posible para un ser humano, y jamás he tenido problemas de incertidumbre, inestabilidad mental, adicción a las drogas o alcoholismo. No juego, no soy responsable de haber traído algún niño al mundo y jamás he emprendido alguna actividad que haya causado sufrimiento a otro ser humano. He tenido mis decepciones, me han despreciado alguna que otra vez y se han desperdiciado mi talento y mi perspicacia cuando el mundo habría salido ganando de haberme escuchado."
Por qué les dejo este fragmento. Ya les conté en las -crónicas- cómo llegó este libro a mis manos. Las palabras de Ryan suenan tan a ave félix. Así lo siento amigos, siento que son palabras que encajan con nosotros. No hemos cumplido 57 años y tal vez no nos dimos cuenta de nada de lo que el protagonista de esta novela, el hermano Edgar, se dio cuenta ya a los 16.
Nos hemos decepcionado, nos han despreciado (y vaya que lo han hecho) alguna que otra vez, ¿pero permitiremos que nuestro talento, que nuestra perspicacia se desperdicien?
Si a félix le va bien, al mundo también! es todo tan claro!!!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario